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  • Candela Review

Maternidad obrera # 132

Aimara Fernández

Clip de Reforestación (2019, 16 mm, Carmen Jiménez)


La gente está esperando sobre las ramas de los árboles porque mañana sacan leche. Al principio me costó subirme pero aprendí pronto. Trae un cojín y te recuestas - me dijo una señora la primera madrugada.

- Yo siempre vengo a este árbol, como es un Ocuje se me hace fácil trepar, y si me quedo dormida y caigo no dolerá tanto porque es bajo.

Cuando sean las 5 de la mañana nos tiraremos al suelo y rectificaremos los números. La gente que va llegando primero ocupa las copas, y muy bajito bajito se va pidiendo el último. Yo todavía tengo leche, vine porque van a sacar manzanas. Unas manzanas reprimidas que en diciembre de 2019 evadieron el apetito de algún turista y las van a vender al pueblo entre otra sobras, y les van a sacar partido. Yo vine por los niños, y ella también, y ella, y ella, y él. La madrugada refresca y sienta bien, y sin esfuerzo se escuchan las salamandras, y sin esfuerzo se escuchan los cocoteros crujientes, la fragancia almendrada de una Monstera, los aleteos del pecho en fibrilación hambre, fibrilación anemia, fibrilación miedo. Por como van los días pueden ser las tres, en cualquier orden, todes fibrilan. A eso de las 2:00 de la mañana me pregunto cómo fue que llegamos aquí. Desde el punto de vista biogeográfico surgimos aquí como resultado de la evolución biológica y la dispersión de las estirpes, a su vez resultado directo de la evolución climática global y regional, y también jugó su papel la distribución de las tierras y mares por la orogénesis y la tectónica de placas. Surgimos en un bioma exuberante, de fauna mansa sin ponzoñas, únicamente abrumados de vez en cuando por algún que otro huracán, bajo la incidencia de un rayo violeta que no podemos disfrutar. A las 4:00 de la mañana vuelvo a pensar en los presos de conciencia, los que están dentro de una cárcel y los que estamos aún fuera, en las ramas de los árboles. Y una hora más tarde sueño con un final feliz, como de Atalaya: meto la cabeza en las fauces de un león, abrazo un oso, y mi hija adentra su mano en el río y coge un pez grande y lo suelta, todes sentados en el pasto sonríen con dentaduras sanas y completas. Echo un pestañazo y casi caigo. Amanece y todos vamos cayendo, de dos en dos, de a tres, puf, puf, puf.









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