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  • Candela Review

La muerte de Marat es un hecho [1]

Updated: Aug 24


María Matienzo Puerto



Yo tuve una obsesión. Soñé con matar a un tirano. Había logrado enardecer a una masa de gente que caminaba por el Malecón. Llegamos a una plaza. El tirano estaba en la tribuna. Nos paralizamos. Yo tiré el primero. Entonces, el tirano tuvo que huir porque una lluvia de tomates se le impuso.


Desperté con aire de triunfo. Satisfecha.


Siempre supe que no era la única, pero ahora que leo tantos intentos en la literatura cubana de matar a Marat, vuelve a mí el recuerdo de un sueño lejano. Nara Mansur, Norge Espinosa Mendoza, Luis A.Vaillant Rebollar, Rubén Sicilia.


Obsesiones confesas.


Me centro en dos, Nara Mansur y Norge Espinosa: “Charlotte Corday” y “Yo, Carlota, comme il faut”. Poemas dramáticos. Ellos la personifican, no la disfrazan tras una madre o un amante. La subliman a la cubanidad. La asesina vive su historia, no huye de las consecuencias.


Dos puñales con un mango blanco comprados en una tienda parisina.


Traición. Felonía. Alevosía. Infidelidad. Perfidia. Deslealtad. Deserción. Malcaso. Infidencia. Infamia. Defección. Insidia. Trampa. Falsedad. Villanía. Apostasía. Vileza. Delación. Falsía. Conjura. Complot. Conspiración. Delito. Prevaricación. Emboscada. Aleve. Doblez.

Bajo estos conceptos delinquió Charlotte. Yo solo tiré tomates.


Nara deja sin rostro una Habana del año 90. Es una cubana cualquiera la que llora en la funeraria la muerte de su abuelo y la reunificación familiar en torno al dolor. Puedo, entonces, desfigurarle el rostro, volverla un monstruo de Antonia Eiriz, hacerla una caricatura o simplemente, colgármela al cuello y ser yo, llorando la muerte de mi abuelo, muerto a tiempo para no verme huir y llorar, acercándome al referente inevitable del apagón, la crisis, la miseria.


Norge va directo a Carlota (él la llama así, como si fuera Cecilia). Por ella pasan Marat, Simona y el juzgado. Norge quiere maniobrar con el “doble, con el autómata al que se le ha reducido, peligrosamente contemporáneo y similar”, capaz de muchas confesiones. Una marioneta conducida por una idea de justicia, solo una idea, y que corre el riesgo de ser ahorcada con sus mismos hilos. Para el artilugio, el maniquí que intenta operar Norge, el delirio es un punto interesante. La histeria arrasa todo vestigio de cordura. Sin embargo, hay demasiada conciencia del hecho histórico.


En lo que Nara desliza a su Charlotte hacia el desequilibrio, Norge comienza en el caos.

Cuba-Caen. Bajo un sol “espeso y sólido como el de los mataderos” (Mansur) tiré el primer tomate. Aquí estamos. Así estamos. Todas partimos una vez a dar muerte al líder, al tirano, al amigo del pueblo, al patriarca, al monarca, al abuelo, a Marat: “Los monarcas son buenos papás a cuya sombra todos vivimos en paz” ―desdramatiza Nara.


―Si me dieran la libertad de negar su existencia― acoto yo.


Entonces no serían monarcas, ni totalitaristas, ni centralizadores. El liderazgo si triunfa salva, si muere salva. No importan las ideas, un día tienen que ser sustituidas.

Revisitar revoluciones: revolución Vs muerte; revolución Vs patria; revolución Vs lepra. Francia es una isla. Francia = Cuba. La funcionalidad de la revolución. La revolución convertida en sangre, en olvido.


La revolución es un circo armado, en el que los que seguimos de espectadores somos sobrevivientes.


Mi tomatazo es patético cuando es necesario más. Pero el subconsciente me delata porque el veneno me ha corroído el espíritu.


En Nara, Charlotte se no-define: “Soy una asesina”. Odio, deseo de la muerte como no-identidad, y ahí la frustración, la neurosis. Los hilos que la mueven, entonces la definen: “Soy una donación de sangre involuntaria/ soy una principiante/ soy una heroína”. Una suerte de altruismo/ solidaridad/ internacionalismo proletario inducido, miembros vitales de una ideología sistémica.


El sacrificio de todos por el todo. La entrega, la gloria, lo mítico. La victoria pírrica. La frase tergiversada, manipulada de “Con todos y para el bien de todos” (Martí). La ceguera, la invalidez de todos por el bien de unos pocos. “En la sangre de Francia Tu canonización / En la sangre de todos De la patria que asfixiabas / Con pretextos de una Gloria solamente por ti/ entrevista/ Gloria de masacres alzada con Tu mal humor/ Tu mal genio legendario y Tus pestes…” (Espinosa).


En la voz de Carlota aparecen los acólitos, el séquito, los siervos del tirano. No tienen vida propia, pero existen. Carlota los nombra. Ese aire caribeño la distancia de la autonomía europea, la hace dependiente de la otredad que acecha todo el tiempo, y con la misma mano que mata, con la misma voz que ofende, da vida a sus enemigos.


Habla de la fidelidad canina, paranoica, recelosa, que no escapa de la histeria tampoco, donde los extremos se tocan y todos tienen una dosis de culpa, en un país ruinoso, sostenido desde la palabrería, le verborrea; una ciudad como la Francia revolucionaria arrastrada a la miseria y al terror ante la verdad o ante la mentira.


La guerra silenciosa del terror que aprendimos de una buena vez, mientras veíamos la cabeza ajena rodar en una canasta embadurnada por la sangre de otros tantos. Una imagen paralizante.


La única manera de ser yo es mientras sueño. Mientras estoy atrapada entre la prudencia, el silencio, la cordura, la necesidad, la dependencia, las emociones: distintas caras del miedo, del pavor que me causa una rana, lo mismo que ser tratada como gusana, tendenciosa, pendenciera, disidente. Ya sé que estoy en una lista negra.


“¿En qué consiste mi impostura?” (Mansur). No me lo pregunté mientras afinaba mi puntería y daba en el blanco. Ahora que lo pienso creo que es porque no me preguntaron qué tipo de libertad quería tener; a qué me quería igualar; o con qué/quiénes quería fraternizar.

Carlota nace beata. No es una víctima, es la elegida. Aunque se escuda tras su virginidad, es impura. La muerte, aunque se sublima, siempre termina por ser vulgar y castiga, con ella, a sus ejecutores. Sin embargo, en el personaje hay odio, desprecio, resentimiento, no hay perdón, ni arrepentimiento, como si no le hubiese sido suficiente con un solo Marat. Intuye que no es el final, pero nadie le cree porque sabe que además de Cecilia Valdés también es Casandra.


Charlotte ritualiza la muerte, hace de ella un arte para hallar el arte en ella. Vuelve una y otra vez sobre su frustración. Menciona la virilidad de la revolución. Se aferra a la utopía. “Hasta la victoria siempre” (Mansur). Lo repite tres veces. Y al final todo tiene que ver con el Hambre.


Carlota promete lo que no ha cumplido. Tenemos un Marat sin su ángel de la muerte, sin una Corday. Mis intensiones son solo sueños, como las intensiones creativas de estos autores. Mis tomates no matan. Un poema tampoco.


Quizás Charlotte tenga razón y Marat sea el menos culpable, pero “mi mano criminal/ es demasiado breve para alcanzar a tanto simulador, hombrecitos con pretensiones y torturadores…” (Mansur). Y no estoy segura de su inocencia. En esta tridimensionalidad de contextos la verdad es un fantasma, que lleva por sombra a la mentira, la desinformación, la mitificación, y que no deja opciones. Solo hay incredulidad y condena.


A fin de cuentas, ser tirano no es ser Dios. Y si Dios y la historia murieron un día, por qué el tirano no. Entonces, “Muerte a Marat. Muerte a Marat. Muerte a Marat” (Mansur).


Obras citadas:


Espinosa Mendoza, Norge. “Yo, Carlota, comme il faut” en Ícaros y otras piezas míticas, Editorial Letras Cubanas, 2010.

Mansur, Nara. “Charlotte Corday. Poema dramático” en Desdramatizándome. Cuatro poemas para el teatro, Ediciones Alarcos, 2009.

Martí, José. “Con todos y para el bien de todos”. Versión online.



[1] Mansur, Nara. “Charlotte Corday. Poema dramático” en Desdramatizándome. Cuatro poemas para el teatro, Ediciones Alarcos, 2009.

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