¡Mari mari kom pu che: hola a toda la gente! Soy Liliana Ancalao. Mis orígenes en este Wall Mapu, territorio mapuche, se remontan al tiempo en que mis antepasados cruzaban la cordillera como si fuera un puente, antes de que los estados chileno y argentino clavaran sus fronteras.

Vivo en Comodoro Rivadavia, una ciudad de la hoy llamada Patagonia, ciudad en la que en 1994 conformamos la Ñamkulawen lof, comunidad conformada por mapuches que llegaron a esta ciudad en busca de trabajo, procedentes de distintos lugares.

Soy aprendiz de mi idioma materno, por eso, siento como mapuche, escribo en castellano y me autotraduzco al mapuzungun. En 2018, mi segundo libro fue reeditado junto con varios ensayos en una editorial española, con el título Resuello-neyen (Ed. Marisma). En 2020 se publicó mi tercer libro: Rokiñ, provisiones para el viaje (Ed. Espacio Hudson) —al que pertenece “Las chicas de Cushamen”—; y se reeditó mi primer poemario, Tejido con lana cruda (Ed. La mariposa y la iguana) —ya a la venta desde febrero de 2021.

Tengo 58 años y en este tramo de la vida, paulatinamente, voy siendo testigo de la muerte de mis parientes más viejos. Es la generación mapuche que hizo —obligada o no— el tremendo cambio de pasar de vivir en el campo a vivir en la ciudad.

Mi mamá, su hermana y mis tías, se vinieron muy jovencitas a la ciudad. En Cushamen, en el campo, quedó Peti, mi tía abuela materna; ella nunca salió de allí.

La reunión que imagino en el poema nunca se produjo; es decir: nunca pudieron volver todas juntas a visitarla. Volvieron de a una, cuando pudieron, con sus respectivas familias. El poema es un homenaje a sus vidas, un registro de su fuerza, un recuerdo de su raíz, del genocidio al que sobrevivieron. Una excusa para hablar del tiempo que transcurre distinto en las diferentes etapas de la vida. Mi modo de expresar el amor que les tengo.

Soy Ch’aska Eugenia Anka Ninawaman, mujer quechua de la nación k’ana, en la comunidad de Ch’isikata, provincia de Yauri- Espinar, Cuzco-Perú. La noche en que nací irrumpieron en la choza tres Eminencias: tata Qurupuna, el nevado más poderoso de mi región; la abuela Hap’achi, potencia de los tejidos, y el tutelar de mi pueblo, Apu Torre Waychu, poeta y cantor. Sacudieron sus alas de cóndor y me infundieron sus potencias en la laguna-occipital de mi cabecita. Tata me concedió su llave de cuentero; la abuela, la illa-resplandeciente de los hilos, y el poeta-cantor encantó mis cuerdas vocales con una antarita. Cuando la ceremonia había terminado apareció la dueña del sabor, la tía abuela Añas-zorrino, que me entregó su olla de barro. Desde entonces los cuatro soplos me habitan y me atrapan.

Mi padre fue un coca-camayuq, el encargado de repartir las hojas de coca en las ceremonias rituales en honor a sus Eminencias. Yo y
mis hermanos siempre lo acompañábamos, y así fui impregnándome de las historias que se contaban por aquellos lares sobre los dueñas y las dueños de las cascadas, los manantiales, las quebradas y los cerros.
De vuelta de aquellos viajes, mi bultito de cuentos estaba rebosante; mi madre, una experta tejedora-cuentera y ahora dibujante y escritora, me ayudaba a rehilarlos a la luz de la luna, “Imallayki-hayk’allayki/ desgrana tus cuentitos”, me decía.
Un día “¡raqaq!”, reventaron las balas en mi territorio, la guerra por nuestra tierra había empezado. Los manantiales, los cerros y las quebradas habían sido cedidos por el Estado a las compañías mineras. “Eres el ojo del agua que busca su propio cauce”, me dije antes de abandonar mi tierra a los siete años. Trabajé como niña sirvienta en la ciudad de Arequipa y mis alas fueron cortadas durante otros siete años, pero el soplo de la tía-zorrino hizo que mi olla de barro se volviera cada vez más suculenta.

“Chola ignorante, patas de cóndor”, insultos como este, lanzados por mis patrones, me llevaron a trazar un nuevo camino y me hice un juramento: “Aprenderé a leer y escribir”. Desde entonces, cantando y soñando, comencé a recorrer pueblos y ciudades para, sin dejar de trabajar, poder ir asimilando la lectura y la escritura. Volando y volando me hice licenciada en Lenguaje y Literatura, Volando y volando obtuve un máster en Antropología, volando y volando logré un doctorado en Ciencias Sociales.

Pero, en verdad, los soplos que me atrapan son mis cantos y mis poemas, mis manos de tejedora también urden y dibujan. Volando y volando he publicado los poemarios en quechua-español Tikachumpicha (Ed. Abya-Yala, 2012) y Ch’askaschay (Ed. Abya-yala, 2014); también, el poemario en quechua altoandino K’ana Taqi mama (Ed. Inc, Cusco, 2015).

Volando y volando aparecieron: Viejito pero bien mañoso, mi primer libro de cuentos basados en la tradición oral, en versión trilingüe quechua-francés-español (Ed. L’Harmattan, 2017, collection Le L’eyende des Mondes). Volando y volando surgió Pájaros enamorados y galantes, mi segundo libro trilingüe (Ed L’Harmattan, 2019).

Imallayki-hayk’allayki, dice la cuentera; “Qiww”, responde mi niño- condorcito. Y juntos alzamos el vuelo por ciudades y quebradas hasta llegar a la cumbre de sus Eminencias.

Soy Rosa Chávez y nací en Iximulew, Guatemala. Reconozco a la poesía como mi columna vertebral. En mi camino de vida retomo el tejido de las palabras y con ello la recuperación de su poder; la recuperación de mi voz, de mi saliva, de mi aliento que es personal pero también colectivo al ser parte de un pueblo. Me identifico como una mujer maya k’iche’ kaqchiquel, dos vertientes del pueblo maya. Escribir poesía, hacer arte ha significado para mí un recorrido de resistencia, lucha y resiliencia. También he incursionado en otras expresiones artísticas como el teatro, el performance, el video y, actualmente, con el proyecto a dúo Selva y Cerro, que combina poesía, música electrónica e instrumentos raíz. No me siento limitada al crear, sino que encuentro retos, goce en la investigación y la experimentación. Este andar en el tiempo se ha trenzado junto a las luchas de mi pueblo, de las mujeres y de las comunidades de las que soy parte. He publicado los poemarios Casa Solitaria (Ed. Oscar de León, 2005), Piedra Abaj’ (Ed. Cultura Guatemala y Ed. Casa de poesía, ambas en 2009), El corazón de la piedra (Ed. Monte Ávila Editores Latinoamericana, 2010), Quitapenas y AWAS (Ed. Catafixia, 2010 y 2014, respectivamente), Abya Yala (Fanzine, Sincronía Editorial, 2016). Textos míos se han traducido al maya k’iche’, francés, inglés, noruego, alemán.

Soy Vianna Gonzáles Ajiataz {@kikotemaltv}, traductora y sociolingüista maya k’iche’. Formo parte del proyecto comunitario Ki’kotemal TV Tijob’al, de difusión y aprendizaje del idioma, la cultura y las raíces mayas. Pretendemos reconectar a las nuevas generaciones con su cultura y desde el espacio virtual enseñar los idiomas mayas k’iche’ y mam, con la producción, la dirección y la actuación de personas indígenas nativo hablantes.

Soy Nadia López García, también conocida como Nadia Ñuu Savi. Nací en la Mixteca Alta en Oaxaca (México), de madre Ñuu Savi y padre veracruzano. Crecí rodeada de campos de fresa y tomate, ya que mis papás fueron jornaleros agrícolas en el norte del país por muchos años. Escribo de lo que le han contado mis abuelas y abuelos; escribo desde el mixteco al español y viceversa. He participado en recitales, talleres y festivales en México, India, Colombia, los Estados Unidos, Guatemala y Puerto Rico. Fui becaria de la Fundación para las Letras Mexicanas de 2015 al 2017 en poesía. Recibí el Premio a la Creación Literaria en Lenguas Originarias Cenzontle 2017, el Premio Nacional de la Juventud 2018 y el Premio de la Juventud Ciudad de México 2019. Desde 2018 pertenezco a la Latin American Studies Association (LASA). Soy autora de los poemarios Ñuʼú vixo/ Tierra mojada (Pluralia Ediciones, 2018) Tikuxi kaa/ El tren (Ed. Almadia, 2019) e Isu ichi/ El camino del venado (UNAM, 2020). He sido traducida al árabe, inglés, francés, bengalí, hindi y catalán. Estos poemas entregados a Candela Review nacieron en mixteco y los traduje al español.

Rita Joe es una escritora mi’kmaq nacida en We’koqma’q, Cabo Breton, Nueva Escocia, Canadá, en 1932. Joe fue huérfana a muy temprana edad; fue criada por varias personas de su extensa parentela y en familias de acogida hasta que la llevaron al internado indio de Shubenacadie en Nueva Escocia. Desde allí trabajó en profesiones asistenciales en Halifax y en Boston. Joe se casó, tuvo ocho hijos y adoptó dos más. Empezó a escribir poesía en los años sesenta y publicó su primer libro, Poemas de  Rita Joe, en 1978. Durante buena parte de su vida adulta vivió en Eskisoqnik, en la isla del Cabo Bretón, donde fue maestra, compositora de canciones, artista, poeta y sabia. Junto con varios doctorados honoríficos, Joe fue oficial de la Orden de Canadá (1989) y ganó un premio nacional al mérito para los pueblos originarios canadienses (1997). Falleció en 2007 en Sydney, Nueva Escocia, Canadá.

Joe escribía en la lengua mi’kmaq y en inglés, con un lenguaje muy simple. Sus poemas son muy personales; versan sobre su vida íntima, su identidad indígena, las creencias y las tradiciones mi’kmaq y el racismo en la sociedad canadiense. Los poemas traducidos y escogidos para Candela Review, gracias a la amable colaboración con Sophie M. Lavoie, son del primer libro de Joe y fueron republicados en We Are The Dreamers: Recent and Early Poetry (Nueva Escocia, Canadá: Breton Books, 1999). El libro fue traducido al francés: Nous sommes les rêveurs (Montréal, Canadá: Mémoire d’Encrier, 2016). Los poemas y la biografía de Rita Joe en español aparecieron en la revista en línea Siwar MayuTodos los textos incluidos aquí fueron publicados en lengua mi’kmaq y en inglés y desconocemos en cuál de ellas fueron concebidos.

Nací en Moncton, Canadá. Soy Sophie M. Lavoie, profesora del Departamento de Cultura & Estudios mediáticos de la Universidad de Nuevo Brunswick en Fredericton, donde doy clases de lengua, literatura, cine, cultura y estudios de género. Comencé a aprender español desde los catorce años, gracias a las enseñanzas de una exiliada chilena que era la mejor amiga de mi madre. He publicado artículos académicos —en francés, inglés y español— sobre literatura centroamericana escrita por mujeres, entre otros temas. Soy también traductora literaria. Mi primer libro fue una traducción al inglés con Hugh Hazelton de El laberinto vertical de la importantísima poeta argentinocanadiense Nela Rio. Luego de llevarlo por todas partes en mis maletas, traduje al francés el libro de poesía Nous sommes les rêveurs de la poeta mi’kmaq Rita Joe. Mi última publicación es la traducción de la autobiografía de Ma-Nee Chacaby, una persona biespiritual ojibwa y cree.